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Diagnóstico Económico-Financiero de la Empresa



DIAGNÓSTICO ECONÓMICO-FINANCIERO DE LA EMPRESA


INTRODUCCIÓN

Se entiende por diagnóstico la labor de recoger y analizar datos para la evaluación de un problema y existen multitud de áreas en donde se aplica, unas tan conocidas como el diagnóstico médico, donde se determina la naturaleza de una enfermedad mediante la observación de sus síntomas y signos, y otras mucho menos conocidas para evaluar problemas técnicos, tecnológicos, políticos, etc.

Cuando se habla de diagnóstico económico-financiero se hace referencia al análisis de la información económico-financiera de la empresa para identificar cual es la situación de una empresa y cuales son las causas que la provocan.


Las situaciones en las que aplicar el diagnóstico económico-financiero son muy diversas y los aspectos a analizar pueden tener múltiples facetas dependiendo del interés particular del analista y del punto de vista con que vaya a examinar la empresa. Un proveedor está interesado en la capacidad de la empresa para hacer frente a los pagos; un prestamista en la fiabilidad para la devolución del principal prestado; un accionista en el rendimiento a obtener de su inversión y la dirección de la empresa en anticiparse en la resolución de problemas de gestión futuros.

Pueden establecerse dos situaciones claramente diferenciadas según la ubicación del analista: externa o interna a la empresa. La diferencia no estriba en las características del diagnóstico a realizar sino, fundamentalmente, en la información de base sobre la que trabajar. Cuando se aborda un diagnóstico económico-financiero externo se podrá disponer de la información estándar que la empresa está obligada a presentar, mientras que desde una perspectiva interna se tendrá acceso a multitud de informaciones complementarias y de detalle, así como se dispondrá de un mayor conocimiento de la actividad desarrollada por la empresa.

En consecuencia, desde una perspectiva externa se podrá obtener un resultado del diagnóstico más limitado que desde una perspectiva interna. Un analista externo (proveedor, cliente, prestamista, accionista, etc.) busca obtener respuestas concretas, ¿se le concede crédito comercial?, ¿se le concede financiación?, ¿es fiable como proveedor?, ¿será rentable invertir en esta empresa? Mientras que la dirección de la empresa (perspectiva interna) emplea el diagnóstico económico-financiero con fines de planificación y control internos; en particular, se preocupará de planificar los recursos y evaluar el grado de cumplimiento de los planes establecidos.

Por tanto, el diagnóstico económico-financiero depende de la situación particular del analista y de los objetivos que pretende al evaluar la empresa.

El objetivo del presente documento es establecer las técnicas y procedimientos adecuados para la realización del diagnóstico económico-financiero de una empresa desde el exterior a la misma, es decir, sin información adicional acerca de aspectos internos de la misma en cuanto a sus objetivos y formas de gestión.

Lógicamente, la experiencia del analista y el conocimiento de situaciones similares compone el acervo que incorpora cada analista; al igual que un médico con más años de ejercicio y un mayor número de casos tratados, así como su nivel de especialización, redundan en un mejor diagnóstico de cualquier situación médica que se le presente.



INFORMACIÓN DE BASE

Todo diagnóstico, para su realización, se apoya en una determinada información de partida, lógicamente, el diagnóstico económico-financiero se realiza sobre información económico-financiera, es decir, en el análisis externo de una empresa, se considerarán las cuentas anuales, compuestas por:

·       Balance: que refleja, por una parte, las inversiones realizadas a corto y largo plazo, es decir, lo que la empresa tiene (sus activos) y, por otra, los recursos utilizados para financiarlas, es decir, lo que la empresa debe (sus pasivos), tanto a los propietarios (accionistas) como al resto de los aportan fondos para su financiación (proveedores y entidades financieras), en un momento determinado.
·       Cuenta de resultados: que determina, el beneficio o la pérdida producidos, para un determinado período, mediante diferencia entre todos los ingresos generados por la empresa y la suma de los gastos y costes imputables al mismo.
·       Memoria: que incorpora un conjunto de informaciones complementarias y de datos adicionales de gran interés para avanzar en la comprensión del funcionamiento de la empresa.

Tanto el balance como la cuenta de resultados se expresan en valores monetarios absolutos, mientras que la memoria se compone de textos y tablas explicativas que complementa a los dos anteriores e integran el conjunto de las funciones empresariales, al menos las que tienen repercusión económico-financiera y se refieren al pasado o al presente. Las cuentas anuales de las empresas proporcionan una visión global y sintética de su situación económico-financiera.

Cuando el análisis se plantea desde el interior de la empresa es posible acceder a mucha más información, tanto económico-financiera como de gestión, para la realización del diagnóstico. Igualmente, se puede acceder a información estratégica relevante para explicar muchos de los datos reflejados en los estados financieros. En el Anexo 1 se incluyen una serie de aspectos que internamente se deberían tener en consideración para profundizar en el diagnóstico de la situación de la empresa.


Lectura del balance

Una vez definidas las principales masas que componen el activo y el pasivo de una empresa, podría realizarse una primera lectura de las cifras de su balance, expresándolas en tantos por ciento, es decir, en términos relativos. Las partidas, tanto de activo como de pasivo, representadas de esa forma ponen de manifiesto cual es el peso o importancia relativa de cada una de ellas dentro del balance. La expresión en porcentaje facilita la comparación entre empresas de distintos tamaños, además permite distinguir qué partidas son realmente significativas y cuáles no; también es útil para analizar la evolución de una empresa, comparando los balances de dos o más años consecutivos.

Analizar el fondo de maniobra, es decir, la parte de las inversiones en activo corriente financiadas con capitales permanentes (recursos propios y recursos ajenos a medio y largo plazo), puede ayudar a entender el comportamiento de la empresa en un determinado momento. Una regla básica para considerar una situación equilibrada financieramente es aquella en la que las inmovilizaciones son financiadas con capitales permanentes.

Por ejemplo, en la creación de las pequeñas empresas la actividad se inicia con poco capital de socios y solicitando dinero a las entidades financieras; si la actividad de la empresa no se desarrolla según lo previsto, la devolución del dinero obtenido como financiación puede ahogar la capacidad financiera. Por ello es importante que una parte de las mercancías se adquieran con el dinero aportado por los socios, que permitirá que los retrasos en el desarrollo del negocio no le afecten de forma grave.

No todos los negocios requieren el mismo fondo de maniobra, la magnitud del mismo dependerá, fundamentalmente, de la naturaleza propia del negocio, de las particularidades del mercado en que opere y de las políticas propias de cada empresa. En cualquier caso, el análisis del fondo de maniobra es una pieza fundamental para comprender la situación financiera de la empresa.



Lectura de la cuenta de resultados

La cuenta de resultados es la comparación de los ingresos obtenidos por una empresa con los gastos realizados en el mismo período, para obtener el beneficio o pérdida generados. Por el importante valor que desempeñan los beneficios, el análisis de su composición (ingresos menos gastos) es muy importante en el diagnóstico. Para ello, es interesante expresar las distintas partidas que componen la cuenta de resultados como porcentaje sobre la cifra de ventas. La comparación entre los porcentajes reales y aquellos que puedan considerarse normales, permite comprender mejor el funcionamiento de la compañía y de sus variables económico-financieras.

En el esquema 1 se detalla la estructura analítica de la cuenta de resultados en dónde se reflejan los distintos escalones del beneficio.


Esquema 1



El margen bruto, calculado como diferencia entre los ingresos que obtiene la empresa por la venta de sus productos y el coste de adquirirlos y/o producirlos, es una magnitud altamente significativa para el análisis ya que recoge la influencia de factores como los precios de compra, las cantidades consumidas, los costes de producción, los precios de venta y las cantidades vendidas. Este margen no debería estar afectado, al menos sensiblemente, por la estructura fija de la empresa. El margen o resultado bruto es un indicador del posicionamiento de la empresa en el mercado.

El beneficio neto de explotación o beneficio antes de intereses e impuestos (B.A.I.I.) engloba, además de los aspectos anteriormente citados, los relativos a la dimensión fija de la empresa, como son los gastos de personal, amortizaciones, gastos de comercialización, gastos generales, etc. Una empresa con un razonable margen comercial, puede, sin embargo, verlo comprometido debido a una estructura inadecuada para su volumen de negocios, lo que puede traer como consecuencia la desaparición del beneficio y la aparición de las temidas pérdidas.

El beneficio antes de intereses e impuestos (B.A.I.I.) recoge los resultados de la empresa antes de considerar su estructura financiera, es decir, la proporción en que se encuentran los fondos propios y los ajenos. Cualquiera que sea la estructura financiera de la empresa, el B.A.I.I. es el mismo, puesto que corresponde al resultado obtenido mediante la utilización de unos activos independientemente de su financiación. Tampoco está influido por los efectos tributarios.

El beneficio antes de impuestos incorpora los gastos financieros. Los gastos financieros, al ser gastos deducibles en la base imponible, reducen el importe del impuesto sobre sociedades. Por tanto, el gasto financiero real se reduce en el porcentaje de la tasa impositiva.

El beneficio neto después de impuestos expresa el excedente resultante de las actividades del negocio una vez atendidos todos los compromisos, incluso los financieros y los fiscales, excluyendo únicamente las retribuciones, vía dividendos, al capital de los socios.




ANÁLISIS POR RATIOS

La información proporcionada por las cuentas anuales es la base para el diagnóstico económico-financiero, y contiene todo lo necesario para el análisis externo de una empresa. A pesar de ello, disponer de algunos indicadores relevantes que permitan focalizar la atención en las áreas de especial importancia posibilita un avance más rápido y preciso.

El análisis por ratios ofrece una visión compacta y articulada para el análisis de la situación económico-financiera de la empresa.

El examen de los ratios se reducirá a aquellos que pueden obtenerse a través de los documentos contables publicados por la empresa, aquellos que provienen de las cuentas anuales y demás documentación pública, única información habitualmente disponible por personas externas a ella.

Los ratios: concepto y utilización

Un ratio representa la comparación entre dos cantidades o magnitudes para obtener una información relevante. Cuando se habla de comparar las alternativas matemáticas para realizar dicha tarea son dos: la diferencia y el cociente. Para el cálculo de un ratio podrían utilizarse cualquiera de ellas, pero mientras que la comparación mediante diferencia genera un resultado expresado en la misma medida que los comparados, cuando la comparación se realiza mediante cociente el resultado se expresa en otra medida (porcentaje, número de veces, etc.), razón por la que se suele considerar que un ratio es una comparación mediante cociente.

La definición de ratio (coeficiente o índice) es un número expresado en términos de otro que se toma por unidad. Se obtiene dividiendo dos números entre si y puede expresarse en porcentaje, en tanto por uno, en días, etc. Los ratios son relaciones relevantes entre dos magnitudes simples o agregadas, cuyo cálculo suele resultar más significativo que cualquiera de ellas por separado. En esencia, un ratio es una unidad de medida útil para diagnosticar la situación de una empresa.

Es evidente que a partir de un conjunto de datos financieros pueden calcularse un gran número de ratios. Pero solo algunos de ellos serán útiles para el diagnóstico de una situación determinada. Antes de empezar a calcular indiscriminadamente una multitud de ratios interesa concretar el significado de cada uno y elegir los que realmente puedan ser relevantes para el problema que se trata de estudiar. Además, es importante tener en cuenta que, en la mayoría de los casos, ningún ratio individual brinda suficiente información para poder apreciar en profundidad la situación económica o financiera de una empresa. Solamente mediante un conjunto de índices pueden conseguirse aproximaciones razonables.

Con la finalidad de sistematizar el proceso de diagnóstico y reducir al máximo el número de ratios a utilizar, de forma que se pueda concentrar la atención del analista en unos pocos, pero elevadamente significativos, ratios, estos se ordenan en cuatro grandes áreas:

·       Ratios de liquidez.
·       Ratios de actividad.
·       Ratios de estructura.
·       Ratios de rentabilidad.


Algunas consideraciones sobre los ratios

Un ratio no es más que un número; por ello, considerado aisladamente tiene escasa utilidad. La utilidad surge de la comparación con el valor estándar. El valor estándar de un ratio es el término de comparación en el que se piensa para considerar que un resultado es bueno, aceptable, malo, mejor o peor. Pero la elección de estándares adecuados para el análisis financiero de una empresa no es, en muchos casos, tarea fácil. Por desgracia, no existen valores idóneos para la mayoría de los ratios en los distintos sectores; incluso dentro de un sector determinado, los ratios pueden variar significativamente de una empresa a otra.

De forma general, para aportar significación a un ratio se deben considerar al menos una de las siguientes comparaciones:

  • Interna: Se puede comparar el ratio actual con los ratios pasados. Mediante el análisis de una serie histórica de ratios, el analista puede observar la evolución de la empresa y la naturaleza de los cambios ocurridos a lo largo del tiempo.

Si se analiza la situación financiera actual de una empresa comparándola con la existente en el pasado, hay que tener presente que la comparación será válida si las circunstancias internas y externas de la empresa son comparables

  • Externa: Consiste en comparar los ratios de una empresa con los de otras similares o con la media del sector en el que opera. Este tipo de comparación ilustra sobre la situación relativa de la empresa respecto a su entorno competitivo.

A pesar de la gran utilidad que puede representar la comparación con el sector, se debe ser cuidadoso en su interpretación, los valores medios tienen a veces muy poca significación, debido a que la dispersión puede ser muy alta. También hay que considerar las diversas prácticas contables utilizadas por las empresas y que no existen dos empresas iguales, por ello debe tenerse en cuenta, además de la calidad de la información recibida, las particularidades de cada empresa.

También conviene recordar que los estados financieros reflejan la situación de una empresa en un momento determinado por lo que factores como la estacionalidad del tipo de negocio o la influencia de la inflación pueden incidir de forma importante en los ratios calculados y afectar a su significado.





RATIOS DE LIQUIDEZ

A la hora de comenzar a analizar una empresa, mediante la técnica del análisis de ratios, parece lógico atender primero a lo más inmediato, es decir, el corto plazo y, desde luego, a la capacidad para atender las obligaciones de pago. De forma general, los ratios que informan sobre ello se denominan ratios de liquidez y miden la capacidad de la empresa para atender las obligaciones a corto plazo con los recursos de la empresa a un plazo equivalente.


Liquidez general

Como primera aproximación, el índice más utilizado es el llamado ratio de liquidez general, que relaciona el activo corriente con el pasivo corriente o exigible a corto plazo, expresando el resultado en tanto por uno o número de veces. Este ratio mide la capacidad de la empresa para cubrir sus obligaciones financieras a medida que estas vencen.


La relación anterior indica cuantas unidades monetarias realizables a corto plazo (menos de un año) hay por cada unidad monetaria exigible en el mismo período. Considera que el activo corriente es aquel que se convertirá en metálico, como consecuencia de la actividad desarrollada por la empresa, en menos de un año y lo relaciona con el pasivo que vence en el mismo período de tiempo, es decir, el pasivo corriente.

Constituye una primera aproximación, desde una visión general, del grado de liquidez de la empresa, aunque no toma en cuenta la distinta liquidez relativa de las partidas del activo circulante, ni tampoco el escalonamiento en el vencimiento del exigible a corto plazo.

Una empresa con mayor proporción de su activo corriente en caja o en valores fácilmente realizables tiene mayor liquidez al de otra con mayor proporción de activos en existencias. De igual manera, una empresa con una estructura de pasivo corriente formada por cuentas acreedoras de vencimientos cercanos al año tendrá mayor liquidez que otra con mayor proporción de sus deudas a corto plazo de vencimiento inmediato. Por tanto, es preciso acudir a instrumentos de análisis más finos para evaluar más profundamente la liquidez de la empresa.

El valor de este ratio, para considerar que la empresa no tiene problemas de liquidez debería ser superior a uno, es decir, que las partidas del activo corriente, que se van a convertir en dinero a corto plazo sean superiores a las deudas que se van a atender en el mismo período de tiempo. Podría suponerse, de acuerdo con la anterior afirmación, que cuanto mayor sea el valor de este ratio (mayor que uno) la empresa se encuentra en una situación mejor, nada más contrario a la realidad, ya que, si bien un ratio de liquidez general elevado supone tranquilidad financiera para la empresa, la excesiva tranquilidad produce acomodo y puede ser origen de pérdida de eficiencia en el funcionamiento, lo que puede redundar en una disminución de los resultados de la empresa.

El valor de este ratio debería ser superior a 1, pero no mucho, a fin de lograr un compromiso entre tranquilidad financiera y eficiencia en los resultados. Como se puede apreciar esta expresión es difícil de cuantificar, pero puede establecerse que para una empresa ideal oscilaría entre 1 y 1,3, considerándose una situación razonable en torno a 1,2, aunque en períodos de tensión financiera (crecimiento acelerado, crisis de mercados, dificultades económicas, etc.) pueda disminuir a valores próximos a 1.

En cualquier caso, es de los pocos ratios para los que es posible establecer un valor objetivo de referencia.


Test ácido

A la vista de la necesidad de indicadores más finos para medir la liquidez de la empresa, se debe ser algo más exigente, desde el punto de vista de la velocidad de transformación en dinero de las partidas que componen el activo corriente, calculando el ratio de test ácido.



Este ratio proporciona una imagen más precisa de la liquidez de la empresa. Mide la capacidad de la empresa para hacer frente a sus deudas a corto plazo con los recursos a corto plazo, excepto las existencias, que presumiblemente constituyen la parte menos líquida y más difícilmente realizable. Por tanto, el numerador del ratio está constituido por las cuentas financieras y de deudores y el denominador por el pasivo corriente. El resultado se expresa en tanto por uno o número de veces.

A diferencia de lo que ocurre con la liquidez general, es difícil establecer un valor objetivo para este ratio, ya que depende de múltiples factores, como pueden ser, entre otros:

  • La política de aprovisionamiento.
  • Las características del proceso productivo.
  • La duración de las campañas de venta.
  • La estacionalidad de los productos y los mercados.

El resultado obtenido al realizar el cálculo de este ratio, puesto que no aporta información relevante por si mismo, debe ser comparado con el valor del ratio de liquidez general; la diferencia entre ellos refleja la importancia de las existencias en la empresa. ¿Es coherente la importancia deducida para los sotcks con la actividad desarrollada por la empresa y con las características del mercado y los productos? Si la respuesta a la anterior pregunta no es afirmativa, estará poniendo de manifiesto algún tipo de problemática relacionada con la gestión de las existencias que habrá que analizar más en detalle.

En cualquier caso, supone un criterio más selectivo para medir la liquidez de la empresa y, puesto que buena parte de las técnicas de gestión van encaminadas a la reducción de existencias en la empresa, tanto de materias primas, aplicando técnicas de “just in time”, como de productos en curso, con técnicas de trabajo por grupos de tareas, lotes o “kankan” y de productos terminados, mediante la aplicación de procesos de producción bajo pedido, un resultado del test ácido próximo al valor de la liquidez general pone de manifiesto eficacia en la gestión de la actividad productiva o comercial de la empresa.


Disponibilidad

Como última medida para diagnosticar la liquidez de la empresa debería analizarse el ratio de disponibilidad o la capacidad para atender las deudas a corto plazo con el dinero existente.



Mide la capacidad de la empresa para afrontar sus obligaciones a corto plazo con su tesorería, es decir, los recursos líquidos (dinero en caja y cuentas bancarias, de cualquier tipo, siempre que sean de disposición inmediata). Su valor suele ser muy inferior a la liquidez general y depende, entre otros factores, de la política de tesorería que aplique la empresa.

De hecho, lo normal es que el ratio de disponibilidad tenga un valor muy bajo, tendente a cero, ya que mantener dinero en caja o cuentas disponibles (del tipo que sean) suponen una rentabilidad muy baja para dichos fondos lo que desaconseja destinar un volumen elevado a dichas partidas. Las modernas técnicas de gestión de tesorería se basan en el concepto de tesorería “saldo cero”, como forma de gestionar eficientemente el flujo monetario de la empresa, haciéndolo circular y no manteniéndolo en cuentas de tesorería.

Pero, independientemente de las técnicas de gestión de tesorería, cuando una empresa está inmersa en una situación de crecimiento o de necesidad de financiación por cualquier otro motivo, los fondos disponibles suelen escasear y darán lugar a valores bajos del ratio de disponibilidad, aunque por motivos totalmente distintos a los argumentados anteriormente.

¿Cuál es la causa que da lugar a un valor bajo de este índice: buena gestión financiera o escasez de fondos provocada por motivos adversos? Para contestar a preguntas de este tipo habrá que recurrir a otro tipo de indicadores.




RATIOS DE ACTIVIDAD

Los anteriormente analizados, ratios de liquidez permiten tener una primera impresión acerca de la situación financiera de la empresa, pero dejan una serie de incógnitas que pueden ser relevantes a la hora de comprender la situación de la empresa. Para un mismo valor del ratio de liquidez general si el ritmo de generación de recursos es mayor que los plazos en los que deben atender de las necesidades de pago a corto plazo la situación es mejor que si la situación es la contraria.

Por tanto, la siguiente área de análisis consiste en verificar los ritmos del ciclo de explotación de la empresa, que se refleja en la figura 1.


Figura 1

Partiendo de la tesorería existente, la empresa efectúa compras a los proveedores (que también pueden realizarse a crédito); los productos adquiridos son transformados en el proceso de producción y se convierten en productos terminados (existencias), listos para su venta; estos productos se venden a los clientes, al contado o a crédito; los cobros a los clientes de las ventas efectuadas se ingresan en la caja de la empresa, con lo que se cierra el ciclo de explotación. El volumen de circulación de fondos depende de las políticas de compras, producción, ventas y cobros.

Los ratios de actividad miden el ritmo con el que se desarrolla el ciclo de explotación de una empresa y ayudan a complementar la información suministrada por los ratios de liquidez, ya calculados. Suponen una primera medida de la eficacia en el uso de los activos y, por tanto, del rendimiento correspondiente al capital empleado.


Período medio de cobro

Aunque no constituya el inicio del ciclo de explotación, tal y como se ha descrito, suele ser especialmente relevante empezar el análisis por el período medio de cobro. Este índice indica el número de días que transcurren desde que se efectúa una venta hasta que se cobra.



En el numerador se consigna el saldo medio de las cuentas de deudores a favor de la empresa durante el período, multiplicado por 365, y en el denominador la cifra de ventas realizada por la empresa en el mismo período. El resultado vendrá expresado en días, que representan el plazo al que, por término medio, está cobrando la empresa sus ventas.

Cuando no se poseen datos detallados de la actividad de la empresa a lo largo del período de análisis, será difícil disponer del saldo medio de las cuentas de deudores; en dicho caso, se utilizará el valor de las cuentas de deudores que figure en el balance, que reflejará las cantidades pendientes de cobro, como consecuencia de la relación con los clientes/deudores, al final del período en cuestión.

Es evidente que cuanto menor sea el período medio de cobro en mejor situación se hallará la empresa, puesto que tendrá menos necesidad de destinar recursos para financiar a los clientes.

Óptimamente, toda empresa buscaría vender y cobrar al contado, pero esto no es posible, por múltiples causas, en la mayoría de los sectores de actividad. De esta forma, y como mal menor, la empresa debería comportase como lo hace el resto del sector, pero en muchas ocasiones el funcionamiento de un determinado sector puede ser muy difícil de conocer (por desconocimiento global o por falta de transparencia entre los distintos integrantes del mismo, ya que no hay que olvidar que el sector está formado por las empresas de la competencia). De igual manera, el plazo de cobro puede ser un factor determinante dentro de la política comercial de la empresa y buscar mediante el mismo una diferenciación del resto del sector.

Todo lo anterior hace difícil saber, sin conocimientos adicionales, si el valor obtenido para el período medio de cobro es adecuado o no. Generalmente, suele aplicarse una regla fruto de la sabiduría popular, que viene a decir que el plazo al que se cobre es bueno o malo en función de cual sea el plazo al que se debe de pagar, es decir, que el período medio de cobro debe ser inferior al período medio de pago.


Período medio de pago

La financiación procedente de los proveedores a través de un aplazamiento en el pago de las compras realizadas, constituye una fuente de financiación para la empresa que permite reducir la participación de otras alternativas de financiación.

El período medio de pago a proveedores se calcula mediante la siguiente fórmula:




En el numerador figura el saldo medio de la cuenta de proveedores/acreedores a lo largo del ejercicio y en el denominador las compras netas anuales realizadas a los mismos. El ratio expresa el número de días que, por término medio, la empresa tarda en pagar sus compras a los proveedores.

Al igual que ocurre en el período medio de cobro, cuando no se pueda disponer del saldo medio de las cuentas de proveedores/acreedores, se utilizará el valor de las cuentas de acreedores que figure en el balance, que reflejará las cantidades pendientes de pago, al final del período en cuestión.

Como se ha comentado, la comparación entre los períodos medios de cobro y pago puede proporcionar información acerca de la situación de la empresa y del capital circulante mínimo que necesita para su normal desarrollo. Independientemente de los valores absolutos de los períodos medios de cobro y pago, se considera que es positivo cobrar antes que pagar, ya que aporta un mayor margen de tiempo para atender las deudas y permite reducir las necesidades de financiación. Por tanto, una manera de mejorar la situación financiera a corto plazo de la empresa consiste en reducir el período medio de cobro a los clientes tanto como sea posible y, simultáneamente, aumentar el período medio de pago a los proveedores, sin que afecte al ritmo de suministros ni al proceso productivo de la empresa.


Período medio de almacenamiento

De manera similar a los anteriores ratios, puede calcularse el plazo de tiempo que las materias primas se mantienen en la empresa, tanto sin manipulación como mediante su evolución hasta productos terminados.



En el numerador figura el saldo medio de existencias a lo largo del ejercicio y en el denominador la cifra que representa el coste de las mercancías vendidas para el mismo período. El resultado expresa el número de días que, por término medio, se mantienen las existencias (de cualquier tipo) dentro de la empresa, desde su recepción como materias primas hasta su salida como productos terminados vendidos a los clientes.

El valor objetivo del período medio de almacenamiento es muy difícil de establecer, ya que en el mismo influyen multitud de factores del funcionamiento normal de la empresa, desde aspectos relacionados con el aprovisionamiento hasta a cuestiones relacionadas con la política comercial y de distribución de los productos, incluyendo diversos aspectos del ciclo productivo. El valor de este ratio tiene un amplio margen de variación y su reducción suele ser, como ya se ha comentado al hablar del test ácido, uno de los principales objetivos de las políticas de gestión operativa de la empresa. En cualquier caso, su valor debe concordar con el del test ácido y ser coherente con el tipo de negocio y la forma de desarrollar la actividad de la empresa en cuestión.



Los ratios utilizados para obtener información acerca de la actividad de la empresa también pueden ser calculados en forma de rotación en lugar de cómo períodos medios, es decir, expresados en tanto por uno (o número de veces) en lugar de en plazo de tiempo (número de días), como se refleja en el cuadro 1.

Cuadro 1

La elección entre una forma u otra de realizar los cálculos está en función del criterio del analista y tienen ambas la misma validez. De hecho, es habitual utilizar los períodos medios de cobro y pago para analizar la actividad con clientes y proveedores y, sin embargo, utilizar la rotación de stocks para estudiar la situación de los distintos tipos de existencias.

El cálculo de los ratios de actividad mediante los períodos medios permite obtener una representación gráfica del ciclo de actividad de la empresa (figura 2), donde se observa el funcionamiento operativo de la empresa y ofrece información acerca de los recursos requeridos y la forma de financiarlos, que es lo que determina el período medio de maduración.

Figura 2




El ciclo de actividad de la empresa se divide en cuatro fases:

·       Aprovisionamiento y almacenamiento de materias primas.
·       Producción.
·       Venta.
·       Crédito a clientes.

Se denomina período medio de maduración al lapso de tiempo que transcurre entre la entrada de materiales o inicio del ciclo de actividad y el cobro al cliente o final del ciclo de actividad.

La necesidad de financiación es la parte del período de maduración no financiada por los proveedores. Si el ritmo del ciclo de actividad es lento (período de maduración largo) quiere decir que la inversión en almacenamiento y cobro es elevada y la necesidad de financiación será mayor, por lo que a la conseguida de los proveedores habrá que añadir otras fuentes. Si el ritmo del ciclo de actividad es rápido (período de maduración corto), los períodos medios de almacenamiento y cobro serán cortos y la financiación de los proveedores permitirá cubrir una gran parte de las necesidades, siendo necesaria menos financiación adicional o incluso, en situaciones extremas, ninguna.

Del análisis del ciclo de actividad se comienzan a deducir datos relevantes para comprender las necesidades de financiación, por lo que el siguiente paso del diagnóstico deberá atender a la estructura de financiación.




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